Mostrando entradas con la etiqueta Guerra Civil Española. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Guerra Civil Española. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de mayo de 2025

Cómo trabajó la FAI por la derrota del pueblo; Jesús Rozado, 1940

«El famoso provocador y aventurero anarquista, exconsejero de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) en el gobierno de la generalidad, Diego Abad de Santillán, ha escrito recientemente un libro. Se titula «Por qué perdimos la guerra» de 1940. Pero después de leerlo y penetrar bien en el fondo de su contenido, el título no sólo aparece incompleto, sino, además, incorrecto. Para ser consecuente con todo lo que en él se dice, la denominación más acertada sería la misma que encabeza este artículo: «Cómo trabajó la FAI por la derrota del pueblo». 

Nuestra posición teórica y práctica sobre el anarquismo en general y los anarquistas españoles en particular, es de sobra clara y conocida. Hemos considerado siempre al anarquismo como una corriente contrarrevolucionaria en el movimiento obrero, y a los anarquistas de la FAI como una banda de aventureros, provocadores y gentes sin principios. 

Amparándose en la demagogia de sus teorías reaccionarias, sus filas «selectas» eran cubiertas, en gran parte, por elementos degenerados, delincuentes comunes y atracadores de tipo profesional, quienes bajo la protección de una fraseología ultrarrevolucionaria irritante, aprovechándose de la entonces débil formación política de las masas y ocultos tras la mampara de un movimiento obrero sindical –la Confederación Nacional del Trabajo (CNT)– iban a encubrir allí sus delitos vulgares, realizando al servicio de la burguesía y los terratenientes, los hechos más perniciosos en contra de los sagrados intereses del proletariado y de las masas populares. 

martes, 18 de julio de 2023

Las causas de la derrota de la Guerra Civil (1936-1939); Partido Comunista de España (marxista-leninista), 1986

El presente texto se puede decir que tiene su base en otra la obra del Partido Comunista de España (marxista-leninista): «La guerra revolucionaria del pueblo español contra el fascismo» (1975). La parte que hoy traemos corresponde a uno de los dos fragmentos publicados en el órgano de expresión «Vanguardia Obrera» durante el año 1986; uno de ellos analizaba los condicionantes internos y el otro los condicionantes externos de este conflicto iniciado el 18 de julio de 1936. 

El documento:

«Con la guerra civil y todo lo que la misma representó, es también necesario hacer un análisis crítico desde el punto de vista de la clase obrera y el pueblo, que nos permita estudiar y sintetizar sus aciertos y sus fracasos, sus victorias y sus errores y que nos permita componer las causas fundamentales por las que fueron derrotadas las fuerzas populares. Algunos de esos errores han sido mencionados en los anteriores capítulos. De lo que ahora se trata es de hacer una panorámica general de las causas de la derrota.

Los errores fueron tanto políticos como militares, si bien aparecen ligados. Aunque por razones de espacio y claridad, podemos sintetizar los fundamentales.

Principales causas políticas generales

–La guerra y el Frente Popular estuvieron dirigidos, en lo fundamental, por la media y la pequeña burguesía, y no por la clase obrera y su partido. Las diversas capas de la burguesía y sus correspondientes partidos se caracterizaron por su ambigüedad, sus vacilaciones y su gran temor a la clase obrera. Esto condicionó todo lo demás. No bastó, en efecto, con desarrollar con elevada combatividad y entusiasmo la lucha, sino que para poder llevar ésta a buen puerto era necesario también que la clase obrera y su partido asumieran la dirección de la misma, más cuando la guerra civil al ocurrir en la época de las revoluciones proletarias iniciada con la Revolución de Octubre de 1917 se inscribía y formaba parte de la revolución socialista mundial.

–Las propias contradicciones y la división en el seno de las fuerzas populares y republicanas que no se pudieron, o no se supieron resolver correctamente, lo cual llevó a continuos enfrentamientos políticos entre las organizaciones del Frente Popular, e incluso provocaron enfrentamientos armados entre ellas.

–El pesimismo y el espíritu de claudicación que se manifestaron sobre todo durante la etapa final de la guerra y desde la pérdida de Cataluña entre diversos factores burgueses derrotistas del lado republicano, comenzando por el propio Manuel Azaña, Indalecio Prieto, Julián Besteiro, el General José Miaja, etc., lo cual llevó a minar progresivamente el espíritu de resistencia de la población y del mismo ejército republicano y facilitó el golpe traicionero de Segismundo Casado en 1939 [1].

–Las ilusiones que el Gobierno, las organizaciones del Frente Popular, incluso el mismo Partido Comunista de España (PCE) hicieron concebir a las masas de conseguir la victoria y la paz rápidamente. Al no llegar ésta, los sectores menos politizados y más vacilantes, se desilusionaron, perdieron firmeza y se cansaron de la lucha, posibilitando las condiciones para la derrota.

Principales causas militares

Son numerosos los errores estratégicos y tácticos que condujeron a la derrota de las fuerzas populares. Fueron también numerosos los problemas que no se supieron enfocar y no se resolvieron correctamente, tales como la cuestión de los cuadros de mando, no construir cuerpos de reserva para el Ejército, solucionar los problemas de logística –armamento, industria de guerra, transporte, etc.–, despreciar los problemas de información fidedigna sobre el campo enemigo –mientras los fascistas sí que la tuvieron del campo republicano–, no tomar medidas para continuar la guerra en otras formas, etc. La lista sería demasiado larga. Por ello vamos a centrarnos en tres cuestiones:

–Una guerra con las características que tuvo la nuestra no podía, no debía, al menos en sus planteamientos generales iniciales, ser un tipo de guerra clásico para las fuerzas del pueblo. El tipo de guerra de posiciones, de trincheras, daba superioridad al Ejército enemigo, al estar éste mejor armado, entrenado y organizado para ello, tal como se demostró. El hecho de que en Madrid se pudo resistir no significaba que eso se debiera hacer en todo momento, pues en Madrid se daba una situación particular y era la excepción que confirmaba la regla. La guerra que debían llevar a cabo las fuerzas populares era, ante todo, una guerra de movimientos combinada con la acción en la retaguardia del enemigo [2]. Sin embargo, el Ejército republicano, dirigido por militares profesionales de formación tradicional, utilizó en lo esencial la guerra de posiciones, la guerra de desgaste, que ya sabemos qué resultados nos dio.

miércoles, 6 de abril de 2022

La Guerra Civil Española (1936-39) y su interpretación en clave anarco-trotskista; Equipo de Bitácora (M-L), 2022


«En esta sección se abordará el hecho de cómo la «Línea de Reconstitución» (LR), y tanto sus representantes oficiales como extraoficiales, han dedicado sus mayores esfuerzos no con vistas a realizar un análisis histórico de valor que supere lo visto hasta ahora, sino enfocado a sugerir que debemos recuperar lo peor de lo peor de la historiografía sobre la Guerra Civil (1936-1939). Por ende, nos veremos obligados a repasar brevemente −documentación en mano, a veces inédita en castellano− varios temas polémicos como: a) ¿Mantuvo el PCE una postura pequeño burguesa respecto a la colectivización de la tierra?; b) ¿En qué se basaban las «socializaciones» de los faístas, caballeristas y trotskistas?; c) ¿Puede considerarse al POUM un partido trotskista? d) ¿Es buena idea recomendar sin filtro cualquier obra con el sello de «clásico» de cualquier historiador académico que tiene el estatus de «eminencia» −aun cuando solo contiene mitos y clichés−?; e) ¿Cuáles son las obras que sí han arrojado luz verificando los datos y hechos? Entiéndase que este es solo un esbozo que pretende ser el principio de un futuro estudio mayor, que realizaremos cuando nuestras tareas nos lo permitan −y el lector sabe que nosotros, a diferencia de nuestros adversarios, no hablamos por hablar−.

¿Mantuvo el PCE una postura pequeño burguesa respecto a la colectivización de la tierra?

¿Qué es lo que nos ofrecen aquí los representantes de la «Línea de la Reconstitución» (LR) respecto al siempre polémico tema de la guerra civil? Una vez más la «lucha de dos líneas» entre los neomaoístas ha reservado para la historia muchas sorpresas y giros inesperados, y de nuevo no nos han decepcionado sus jugosas conclusiones. Poco a poco se fue larvando en la LR una nueva postura tendiente a reproducir los mitos de la historiografía trotskista del siglo pasado, especialmente aquella dirigida hacia el Partido Comunista de España (PCE) y el periodo de la Guerra Civil Española (1936-39). El «balance» de los «reconstitucionalistas» bien podría haber sido firmado por los mismísimos Kean Loach o George Orwell. Vean:

«El PCE sacrificó toda medida revolucionaria aunque fuera promovida por la iniciativa espontánea de las masas: bloqueó la colectivización de la tierra −que en muchos casos era un deseo sincero de los campesinos, dejando que el anarquismo monopolizara y capitalizara la defensa de una medida intrínseca al marxismo−». (Partido Comunista Revolucionario (Estado Español); La Forja; Nº9, 1996)

En la misma publicación los «reconstitucionalistas» se quejaban de que el PCE se hubiera prestado durante la guerra a:

«La defensa de la pequeña propiedad burguesa». (Partido Comunista Revolucionario (Estado Español); La Forja; Nº9, 1996)

¡Vaya! ¿Habrían leído alguno estos burros la literatura marxista clásica en torno a la cuestión de la propiedad agraria y las diferentes capas sociales, como, por ejemplo, la obra polémica de Engels «El problema campesino en Francia y Alemania» (1894) o el grueso tomo de Karl Kautsky «La cuestión agraria» (1899)? En la primera de las obras mencionadas se decía: «Es tan evidente que cuando estemos en posesión del poder del Estado, ni siquiera pensaremos en expropiar a la fuerza a los pequeños campesinos −con o sin compensación−, como tendremos que hacer en el caso de los grandes terratenientes», por ende,  «nuestra tarea relativa al pequeño campesino consiste, en primer lugar, en efectuar un tránsito de su empresa privada y propiedad privada a cooperativas, no por la fuerza sino a fuerza de ejemplo y de la prestación de asistencia social para este fin». 

miércoles, 5 de febrero de 2020

La falta de investigaciones históricas sobre el movimiento obrero nacional e internacional en el PCE (m-l); Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Expliquemos una vez más la importancia cardinal de toda esta cuestión de la necesidad de las investigaciones históricas del movimiento obrero:

«Hoy nos encontramos con que la mayoría de partidos y autodenominados partidos –que en realidad no pasan de ser muchas veces grupúsculos de clubs de amigos y/o nostálgicos de algunas siglas– no se interesan por analizar las causas del flujo descendente del movimiento marxista-leninista internacional.

1) A unos no les interesa el estudio las figuras y movimientos nacionales e internacionales marxista-leninistas, es más, generalmente se cubren falsamente bajo sus ideas y mitos, reivindicando su legado de manera formal pero sin ser fieles a sus lecciones, otras veces aceptando sus mismos errores por no analizarlos y en algunas ocasiones directamente adoptando como referentes a falsos marxistas y a experiencias revisionistas. No hablemos ya de cuestiones del movimiento marxista-leninista de un pasado lejano porque los ignoran absolutamente, a veces su indiferentismo es tal, que también alcanza hasta el punto de mirar hacia otro lado en torno a fenómenos recientes de mayor o menor calado.

2) Existen otros que incluso si centran aunque sea un breve tiempo de su actividad en analizar ciertos fenómenos sobre el revisionismo contemporáneo y las causas de su triunfo, pero ha de hacerse un apunte: al no tener interés en cómo se ha llegado a varios de los desastres que han posibilitado la hegemonía del revisionismo en el movimiento obrero, los análisis y las conclusiones sobre los grupos antimarxistas del presente tampoco son del todo correctos porque no saben detectar el origen de estas desviaciones.

3) Luego hay quienes realmente si tocan temas del pasado y presente movimiento marxista-leninista, pero muchos de estos se contentan con realizar breves análisis de denuncia de que este u otro partido es revisionista, o esta u otra figura es oportunista, pero sin explicar a sus militantes y simpatizantes el porqué de tal afirmación, cayendo en análisis reduccionistas, doctrinarios y esquemáticos, que poco menos que pretenden obligar a la militancia a seguir estas afirmaciones sin tener conciencia real de porqué se dice tal cosa, esa incapacidad creativa es lo que muchas veces lleva a copiar las opiniones de otros o directamente a caer en las mismas desviaciones de las que se quejan de algunas corrientes revisionistas que fustigan tales como el seguidismo a ciegas, el afirmar sin corroborar la veracidad de lo que se pone sobre la mesa confiando en que ya antes lo ha pronunciado alguien. Metodologías que nacen de la no comprensión real de lo que dicen denunciar y de los métodos de concienciación que propone el marxismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 25 de septiembre de 2017)

Aunque parece que algunos no han entendido esto todavía.

Por desgracia, lo que ha abundado en el movimiento comunista, han sido los análisis históricos simplistas e infantiles. Precisamente, los dirigentes bolcheviques replicando a unos historiadores dirían:

«La sinopsis abunda en banalidades y clichés como el «terrorismo policial de Nicolás II», la «insurrección de Razine», la «insurrección de Pugatchev», la «la ofensiva contrarrevolucionaria de los terratenientes en la década de 1870», «los primeros pasos del zarismo y de la burguesía en la lucha contra la revolución de 1905-1907», etc. Los autores de la sinopsis copian ciegamente las banalidades y las definiciones anticientíficas de los historiadores burgueses, olvidando que tienen que enseñar a nuestra juventud las concepciones marxistas científicamente fundamentadas». (Notas sobre la sinopsis del Manual de historia de la URSS; I.V. Stalin, A.A. Zhdanov, S.M. Kirov, 8 de agosto de 1934)

En el IVº Congreso del PCE (m-l) de 1984 se reclamaba que se fuese hasta el fondo de los inicios del revisionismo. Se explicaba, que de no realizar tal labor correctamente, todavía se veían conatos de revisionismo en los nuevos partidos:

«La tarea de reconstrucción de los partidos marxista-leninistas ha estado obstaculizada por toda una serie de desenfoques ideológicos, políticos e incluso organizativos, cuyo origen debe buscarse en que a pesar de haberse efectuado una ruptura organizativa con los revisionistas por parte de los nuevos partidos, no se ha roto, en diversos casos y hasta el fondo, ideológicamente con el revisionismo». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IVº Congreso del PCE (m-l), 1984)

jueves, 14 de noviembre de 2019

Comorera hablando de la cuestión nacional...


«Cataluña, es, pues, una nación. Pero Cataluña, camaradas, no es una «comunidad de destino». El principio de Lenin: «dentro de cada nación moderna hay dos naciones», se adapta plenamente a Cataluña, como a cualquiera otra nación. Importa, compañeros, que meditemos y asimilemos este principio de Lenin. La incomprensión del principio de Lenin abre la puerta a todas las desviaciones nacionalistas pequeño burguesas, nos conduciría a un callejón en el cual nunca ha hallado ni hallaría solución nuestro problema nacional. En cada nación hay dos clases antagónicas, irreconciliables: la burguesía y el proletariado, los explotadores y los explotados. Hay, por tanto, dos naciones antagónicas irreconciliables. La burguesía se vale y se valdrá del problema nacional para resolver sus asuntos de clase, dispuesta siempre a aliarse con la burguesía imperialista en el momento preciso en que considere satisfecha su ambición de clase o en que vea en peligro sus intereses de clase por el desarrollo y la ofensiva del movimiento obrero. El proletariado, quiere resolver y resolverá definitivamente el problema nacional, pues no ignora que si se convirtiese en opresor de otros pueblos, volvería a ser oprimido nuevamente. La burguesía y el proletariado pueden y deben entenderse y luchar juntos contra un enemigo provisionalmente común, en un momento dado y por una cuestión nacional concreta. (...) Pero la burguesía y el proletariado no han de confundirse, no pueden confundirse nunca. Su destino no es común. El destino de la burguesía es desaparecer. El destino del proletariado es llegar a serlo todo para construir un mundo socialista, de igualdad, de libertad, de verdadera fraternidad entre todos los hombres y todos los pueblos» La tesis socialdemócrata del «destino común», de la «comunidad nacional», subordinando necesariamente los intereses de clase a las exigencias nacionales, induce a los trabajadores a la colaboración y la paz entre las clases, a la negación de la lucha de clases, conduce en su desarrollo lógico a la teoría racista reaccionaria, al fascismo». (Joan Comorera; Contra la guerra imperialista y por la liberación social y nacional de Cataluña, 1940)

domingo, 8 de septiembre de 2019

Un deslizamiento hacia las clásicas desviaciones basadas en un republicanismo pequeño burgués; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«Ya que no nos gusta hablar por hablar, para demostrar el cambio significativo en la línea política del Partido Comunista de España (marxista-leninista), sobre todo, a partir de 1986, dejaremos una amplia documentación. 

En este apartado compararemos las ideas políticas de Joan Comorera, líder del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) durante 1936-1949 con el liderazgo de Elena Ódena en el Partido Comunista de España (marxista-leninista) durante 1964-1985, para comprobar una síntesis en muchas de las cuestiones.

Joan Comorera, esgrimiría tesis criticando a los autores de especulaciones ambiguas sobre la «república» y la «democracia», pedía una aclaración en torno a la dirección de las fuerzas que debía dirigir el nuevo régimen, así como sus bases político-económicas en lo programático:

domingo, 25 de agosto de 2019

Vox, el origen de sus miembros y su exaltación del fascismo


«
Ciertamente Vox cumple varios de los puntos clásicos del fascismo –como el racismo, chovinismo y la pretensión de iegalizar a los partidos no afines a los conceptos anteriores–, y en otros parece que está progresando hacia ese punto –como adoptar timida demagogia anticapitalista sobre los problemas de la gente y la opulencia de los ricos–. En otros todavía es pronto para saber si adoptará tal postura –como el usar la violencia para suprimir a los partidos tradicionales–.

Si uno analiza el programa de Vox para las elecciones del 28 de abril, ciertamente no es el programa de la antigua Falange de los años 30, ni siquiera el de Fuerza Nueva en los 70. Hay mayor moderación. ¿Pero que partido fascista tiene un calco de estos programas? Sería anacrónico hasta para la mente cuadriculada del fascista. Incluso en las declaraciones rutinarias en prensa encontramos mayor apego a conceptos como el «liberalismo» que a otros eslóganes propiamente fascistas –recordemos que en principio el fascismo se presenta como antagónico al liberalismo y como su superador entre él y el comunismo–. Pero quedarnos ahí sería un simplismo, ya que como hemos comentado en alguna ocasión, en España con el fin del franquismo, muchos de los elementos de las clases explotadoras que habían apoyado al franquismo tuvieron que resguardarse en distintas agrupaciones políticas como la Unión de Centro Democrático (UCD) de Adolfo Suárez, o la Alianza Popular (AP) de Manuel Fraga, transformando o moderando el discurso y su política para tener éxito en el nuevo régimen –bajo la monarquía parlamentaria–. Nadie negará el desempeño fascista de los ministros franquistas y fueros estos los que aceptaron y encarrilaron el restablecimiento de la monarquía-parlamentaria. Por eso decimos que es ridículo hablar de una burguesía e individuos meramente democrático-burgueses o fascistas, ya que estos viran en función del panorama político:

«La causa de estas pugnas violentas interburguesas que se suceden a veces en los gobiernos capitalistas no solo se deben al arribismo o al autoritarismo de los individuos, sino también a la lucha entre elementos de la burguesía que quieren pasar a formas más coercitivas versus otros que desean adoptar formas de dominación más relajadas o directamente liberalizar el regimen. Estas disputas no son discusiones académicas sobre la forma de gobernar, sino que son en algunos momentos discusiones muy serias, pues de tomar una decisión u otra puede depender de que el sistema burgués salga mejor o peor parado en cada ocasion. Y, aunque como en todas las ideologías, siempre hay exaltados y románticos, estas discusiones no se producen tanto por amor a unos ideales concretos como a la forma en que creen que defenderán sus intereses económicos. Salvo excepciones de sujetos fanáticos… la burguesía no puede ser calificada de fascista ni de democráta-burguesa por naturaleza, puesto que siempre preferirá defender su bolsillo y su patrimonio en detrimento de los intereses de su nación o de su ideología concreta que en ese momento profese». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

martes, 6 de agosto de 2019

¿Qué gran fallo tuvo el PCE durante la Guerra Civil? Aferrarse al legalismo republicano y no aprovechar las nuevas formas de poder


«Hubo en general durante toda la guerra [1936-1939], y en particular en la primera fase de la misma, una atomización del Poder que dadas las circunstancias causó graves perjuicios a la causa popular. El que cada partido tuviera sus órganos de Poder, el que en cada provincia o región hubiera distintas formas de régimen político y social, sin que el Partido Comunista de España (PCE) supiera aprovechar el anhelo común al pueblo de resistir al fascismo, obstaculizó esa misma resistencia. Nominalmente, todos se sometían al Poder popular –el Gobierno de Frente Popular–, pero la verdad es que ese Gobierno tenía escasa autoridad, por no decir ninguna. Se planteaba la contradicción entre la necesidad de un Frente y un Gobierno único, por un lado, y los intereses de grupo, de clase, por otro. Pero el Partido no supo solucionar en ningún momento esa contradicción.

El pueblo en armas supo darse nuevos y variados órganos de Poder. Pero debido a la desunión y a la influencia socialreformista que aún prevalecía en la clase obrera, y por la indecisión del Partido, cayeron bajo la influencia pequeñoburguesa, en general. El surgimiento de los comités revolucionarios populares, en todas las regiones y zonas republicanas, fue algo muy positivo, porque suplantaban a las autoridades centrales –de la media y la pequeña burguesía–, ineficaces y pasivas frente a la contrarrevolución e incluso, a veces, traidoras. A través de esos comités revolucionarios las masas demostraban su deseo de organizarse para resistir al fascismo; sin embargo, dichos comités no eran unitarios, lo cual permitió la atomización y el cantonalismo que se produjo frecuentemente. El Partido no supo en esas circunstancias superar la atomización y la desunión. Hubiera sido preciso desarrollar esos comités revolucionarios, transformando su contenido, prestarles todo el apoyo necesario –preocupándose menos de la «legalidad» pequeñoburguesa–, impulsarlos, encabezarlos y orientarlos por un camino unitario, revolucionario, de Poder popular. En vez de eso, el Partido se aferró a las viejas instituciones republicanas sobrepasadas por los mismos acontecimientos, con lo cual hizo el juego a los titubeos y temores de la pequeña y media burguesía y causó un gran mal a la causa popular. A todo lo largo de la guerra, hasta los últimos momentos veremos que el Partido no supo entender claramente cual era su verdadero papel y que, por el contrario –nos referimos a la cuestión del frente unido–entendió de una forma estrecha, legalista, estática, sin movimiento, la legalidad republicana.

El Gobierno republicano era producto de una revolución democrático burguesa de viejo tipo, y de una clase vacilante, que no logró nunca llevar a cabo su propia revolución. Por lo tanto, sus órganos de Poder eran la expresión misma de sus propias vacilaciones, inestabilidad y desconfianza hacia el pueblo. Resulta evidente que la pequeña y media burguesía fue incapaz de desempeñar el papel dirigente de la lucha popular contra el fascismo y ello por su propia naturaleza e intereses de clase. Es cierto que, en los primeros momentos de nuestra guerra nacional revolucionaria contra el fascismo, había que acabar con el desorden inicial y que había que crear una autoridad centralizada de genuino Frente Popular, que había que luchar por la legalidad del gobierno republicano, mas el impacto mismo de la sublevación fascista y el auge revolucionario de las masas, destrozaron rápidamente gran parte de lo existente. Por lo tanto, la tarea era, en el marco de la legalidad republicana –pero una legalidad dinámica, en evolución–, crear nuevos organismos de Poder que permitieran canalizar el entusiasmo revolucionario. Los viejos organismos eran inservibles para la revolución y el aferrarse a ellos, como lo hizo el Partido, impidió a la clase obrera y a su Partido de vanguardia tomar la dirección de la guerra y de la revolución. (...)

lunes, 4 de marzo de 2019

La burguesía siempre optará por traicionar los intereses nacionales al verse frente a movimientos populares que ponen en peligro sus privilegios de clase


«A la luz de la guerra imperialista, pueden extraerse importantes lecciones de la lucha del pueblo español que serán útiles, no solamente para la clase obrera española, sino también para los proletarios de los demás países. La experiencia de nuestra guerra imperialista y la de la actual guerra imperialista, nos enseña que la burguesía, al verse frente a frente de potentes movimientos populares que ponen en peligro sus privilegios de clase y su posición dominante, optará por traicionar los intereses nacionales, elegir el camino de la capitulación ante los imperialistas extranjeros y entregar a su propio pueblo al enemigo extranjero, con tal de salvar ante todo sus privilegios de clase.

Las clases dominantes españolas, al ver amenazados sus privilegios por la revolución democrática, no vacilaron en sumir a su país en una terrible catástrofe, destruyendo ciudades enteras, trayendo a España aviadores extranjeros que asesinaron millares de niños, mujeres y ancianos. Perdiendo todo sentimiento nacional, la burguesía y los terratenientes, los falangistas españoles y los monárquicos, estafadores como Juan March y los representantes del alto clero, se unieron contra el pueblo para entregar la independencia de nuestro país a potencias imperialistas extranjeras. La traición y capitulación ignominiosa de la burguesía francesa en la guerra actual, muestra una vez más que la conducta vergonzosa de las clases dominantes españolas no constituye una excepción ni un caso especial, sino que es la tendencia general de la burguesía en el período actual de decadencia del capitalismo y de agudizacion de su crisis general». (José Díaz; La burguesía no representa a la nación, 1940)

viernes, 1 de febrero de 2019

Para la burguesía el problema nacional, allí donde éste existe, es materia especulativa


«El problema nacional no es una abstracción, no es una entidad aislada. El problema nacional es parte indisoluble del problema general de la revolución. Hemos, pues, de verlo a la luz de la lucha de clases, de su desarrollo y de su objetivo histórico. Estamos ahora en la fase superior y última del capitalismo, la fase imperialista. La lucha de clases se agudiza y la burguesía se convierte en extra y antinacional. El interés de clase prima por encima de cualquier otro interés. Y todos los elementos que intervienen en la vida colectiva son utilizados con el objetivo único de asegurar el dominio de clase, el monopolio del Estado, instrumento de la clase dominante. Para la burguesía el problema nacional, allí donde éste existe, es materia especulativa; se sirve de ella si así conviene momentáneamente a su interés de clase o se reniega de ella cuando lo pone en peligro. Y como el interés de clase capitalista es incompatible con el interés nacional la burguesía termina siempre por traicionar a la nación. (...) ¿Y cómo reaccionan la gran burguesía y las castas tradicionales en estos países? Como clase y castas gobernantes que continúan la tradición de la guerra: para mantener sus privilegios han convertido en moneda de cambio la independencia y la soberanía nacional. Y como políticos e «ideólogos» inventan filosofías y teorías, cuyo único objetivo es sembrar la confusión en las masas populares, dividir la clase obrera y movilizar a la opinión contra los partidos comunistas. (...) No hay manera, amiga Reyes Bertral, de rehuir la polarización. Con las patrañas hipócritas de las terceras fuerzas y principios puros y conductas impuras no se va más que al deshonor y a nuevas derrotas». (Joan Comorera; Carta abierta  a Reyes Bertal, dirigente de Estat Català, 1948)

viernes, 5 de octubre de 2018

La República por la que luchan los comunistas


«Nuestros enemigos utilizan también en su propaganda el estribillo de que el Partido Socialista y el Partido Comunista, los obreros en general, son enemigos, no sólo de la monarquía, sino también de la República. Es una mentira más. Nosotros no somos enemigos de la República; nosotros, aunque seamos partidarios de la dictadura del proletariado, defendemos a la República. Pero una República que dé al pueblo todo lo que el pueblo necesita. Hay en el mundo una República –¿para qué hablar en teoría?– que ha hecho ya lo que aquí pedimos, que ha puesto en práctica todo lo que nosotros queremos y necesitamos, que ha hecho de un pueblo analfabeto, de un pueblo atrasado, de un pueblo sin industria básica, de un pueblo pobre –a pesar de sus grandes riquezas naturales–, de un pueblo que era, si cabe, tan atrasado como España, la verdadera República de trabajadores –no de «todas clases» como la nuestra–, que ha hecho de esta República la patria del proletariado del mundo entero. ¿Por qué no seguir su ejemplo? Esa sí que es una República de la cual se puede enorgullecer el pueblo. Un pueblo inculto, sin industria fundamental, con un ejército que los zares habían adiestrado para las derrotas, se ha convertido en el primer país del mundo en cuanto a cultura –porque la cultura de los obreros de la Unión Soviética está por encima de la de todos los demás países–; ha pasado a ser el segundo país industrial del mundo –el primero de Europa–, y dentro de poco será también el primero del mundo; ha dado el bienestar a los campesinos, y hoy tiene un ejército, el glorioso Ejército Rojo, que se hace respetar por el mundo entero». (José Díaz; La España revolucionaria; Discurso pronunciado en el Salón Guerrero, de Madrid, 9 de febrero de 1936) 

jueves, 9 de agosto de 2018

Miguel Hernández poeta del pueblo, poeta pastor, vigencia de su patriótica poesía; Elena Ódena, 1967


«Se ha cumplido el pasado mes de marzo, el 25 aniversario de la muerte de nuestro entrañable poeta Miguel Hernández. Entre los innumerables y monstruosos crímenes contra el pueblo español de la actual oligarquía reaccionaria en el poder, se cuenta el asesinato en las mazmorras franquistas de uno de los más grandes y populares poetas de nuestra época. Miguel Hernández murió en la cárcel fascista el 25 de marzo de 1942.

Pero su muerte precoz, lejos de hacerlo olvidar, sólo ha dado una mayor dimensión y valor a su figura y a su obra. En las tinieblas de la noche franquista, después de la subida al poder de la sangrienta dictadura en medio de asesinatos y mentiras, la poesía de Miguel Hernández ha seguido inspirando y alentando a muchos jóvenes que no comprendían ni conocían bien el sentido de la lucha habida. Sin duda alguna, la poesía de Miguel Hernández ha servido y sirve de foco orientador, de aliento y ejemplo.

Hijo de humildes pastores de Orihuela, pastor él mismo durante los primeros años de su juventud, Miguel Hernández, empujado por su afán de superación y su inquietud, se esforzó cuanto pudo por instruirse, sintiéndose desde los primeros momentos irresistiblemente atraído por la poesía. Es innegable que sus primeros escritos están profundamente marcados por los autores de nuestro Siglo de Oro, particularmente por el estilo barroco de Góngora. Su primer libro publicado, titulado «Perito en lunas», que fue publicado .en Murcia en el año 1933, aunque escrito bastante antes, es un claro ejemplo de esa influencia a la que más tarde había de escapar, después de pasar por toda una serie de fases y modas poéticas más o menos culteranas.

domingo, 29 de abril de 2018

Antonio Machado, gran hombre y poeta vinculado a su tiempo y el pueblo; Elena Ódena, 1975


«
Al cumplirse el centenario del nacimiento de nuestro gran y admirado Antonio Machado no podíamos dejar de rendir, desde estas páginas de «Acción», un sentido homenaje a este gran español, poeta y escritor que hizo más que ningún otro intelectual de su generación por colocarse en todo momento a la altura de las circunstancias, por ser un hombre profundamente metido en los problemas cruciales de su pueblo y que siempre, sin miedo, con valor y generosidad defendió todo aquello que consideró justo.

No es por casualidad que, cien años después de su nacimiento, constituya para las nuevas generaciones un símbolo del verdadero intelectual, del hombre lúcido y valeroso que no concibió su existencia sin preocuparse hondamente por la realidad de su tiempo, por el pueblo y la tierra en que nació, vinculando toda su existencia estrechamente a las peripecias del vivir de su tiempo.

Pero Antonio Machado es también para las nuevas generaciones el símbolo del español que tuvo que abandonar su tierra, exiliarse poco antes de acabar nuestra guerra contra el fascismo, yendo a morir, pocos días después, de amargura y como consecuencia de las penalidades del éxodo, en el pueblecito francés de Colliure, a pocos kilómetros de la frontera. Pese a los esfuerzos de los «oficiales» del régimen franquista por «recupera» a Machado, organizando en torno a su centenario toda una serie de grotescos actos y mediante toda una serie de escritos y publicaciones, falseando el verdadero sentido de la vida y la obra de Machado, en cuanto a su repudia de la monstruosa ideología oscurantista y la política de los que hoy mandan en España, de los señoritos y verdugos del pueblo, que tanto fustigó él, la celebración de su centenario ha promovido, pese a todas las dificultades y medidas represivas, una gran serie de actos, reuniones, coloquios, escritos y comentarios que reflejan la honda preocupación de las nuevas generaciones de intelectuales y de todo el pueblo por levantar la imagen de Machado como símbolo del compromiso que los escritores e intelectuales y todo hombre de bien deben aceptar con la realidad de su tiempo y de sus problemas cruciales al lado del pueblo. Sin duda alguna, todos los intelectuales, miembros y amigos del FRAP, deben ser los primeros en seguir promoviendo y organizando la labor de dar a conocer la persona y la obra de este gran español y pensador que fue Machado.

En lo que a su obra literaria y a sus escritos se refiere, salta a la vista a lo largo de todos ellos, desde los primeros hasta los últimos, y dejando de lado las disquisiciones de algunos, que contraponen unas épocas de su vida a otras y unas posturas a otras, complicándolo todo con imaginarias rupturas en Machado, entre su ser subjetivo y su posición objetiva, que Machado, como todas las personas pensantes, ha seguido un proceso en su trayectoria por vincularse cada día más estrecha y profundamente a las realidades y los problemas de su momento y con las circunstancias concretas de los lugares por donde ha pasado. Tanto en «Campos de Castilla», como en sus escritos del «período Baeza», se refleja esa constante compenetración de Machado con aquellos que trabajan para vivir, frente al señoritismo de los ricos del campo, señoritismo que él calificara, con la agudeza que le caracterizaba, como «un estilo peculiar de no ser hombre».

Aunque también formó parte de aquellos intelectuales insertados en la Institución Libre de Enseñanza, Machado nunca adopta una actitud de paternalismo ni de condescendencia hacia el pueblo, sea este culto o analfabeto, sino todo lo contrario. El, simplemente, transmite, comunica a su pueblo lo que en su vivir y mirando al pueblo, ha ido aprendiendo y descubriendo en cuanto al hombre y su existencia; nunca se sitúa por encima de aquellos a quien se dirige, sino que siempre habla a sus iguales y amigos.

Ya en los años veinte, Machado era miembro de la Alianza Republicana –en 1926–, aunque al mismo tiempo fustigaba a los que sólo se atrevían a vislumbrar una República mirando más hacia el pasado que hacia el futuro y más hacia arriba que hacia abajo, atreviéndose a decir: «¿Cuántas vueltas darán los pobres reformistas antes de caer en el saco de la basura?».

En Machado todo es andar hacia adelante, ir abriendo camino al andar. Hay pues en él un constante caminar y avanzar, no hay ruptura ni cambios bruscos. Todo cuanto más tarde expresó e hizo durante los años treinta y durante nuestra guerra, no fue más que el resultado de su lógica e inevitable evolución, habiendo él escogido el caminar con los de abajo, con el pueblo, frente a los señoritos y reformistas sin perspectivas.

Sin querer, pues, hacer decir a los muertos lo que no pueden ya refutar, podemos afirmar, no obstante, que hoy Machado estaría con nosotros, con los que seguimos luchando por una España libre, sin señoritos ni pobres reformistas y vendepatrias. Estaría con esa juventud revolucionaria que se atreve a luchar y a levantarse contra la dictadura y los yanquis, como lo estuvieron aquellos jóvenes que lucharon heroicamente durante nuestra guerra contra el fascismo de 1936-1939.

Baste citar, para demostrar que así sería, las siguientes palabras, escritas por él, en Valencia, en abril de 1937:

«¿Por qué esos militares rebeldes [se refiere a Franco y sus secuaces] volvieron contra el pueblo las mismas armas que el pueblo había puesto en sus manos para la defensa de la nación? ¿Por qué no contentos con esto, abrieron sus fronteras y los puertos de España a los anhelos imperialistas de las potencias extranjeras? Yo os contestaría: en primer lugar, por los treinta dineros de Judas, quiero decir, por las míseras ventajas que obtendrían ellos, los pobres traidores a España, en el caso de una plena victoria de las armas de Italia y Alemania en nuestro suelo». (Antonio Machado; Meditación del día, 11 de abril 1937)

Y concluye nuestro Machado en el mismo escrito con palabras que son de una total actualidad, cambiando solamente los nombres de Italia y Alemania por el del imperialismo yanqui:

«Por fortuna, la venta se ha realizado en falso, como siempre que el vendedor no dispone de la mercadería que ofrece. Porque a España, hoy como ayer la defiende el pueblo: es el pueblo mismo algo muy difícil de enajenar. Porque por encima y por debajo y a través de la truhanería inagotable de la política internacional burguesa, vigila la conciencia internacional de los trabajadores». (Antonio Machado; Meditación del día, 1937) (Elena Ódena; Antonio Machado, gran hombre, y poeta vinculado a su tiempo y el pueblo, 1975)

domingo, 11 de marzo de 2018

La creencia de que si un Estado fascista conserva figuras, instituciones o leyes de una etapa anterior este aún existe; Equipo de Bitácora (M-L), 2017

Manuel Azaña y Francisco Franco en 1932 durante la II República

«La conservación en regímenes democrático-burgueses de algunas de las instituciones, dirigentes o leyes fascistas no es un rasgo que demuestre que el fascismo sigue vigente. Quién dice lo contrario es un metafísico. 

Todas las clases sociales explotadoras cuando acceden al poder, suelen crear nuevas formas políticas y jurídicas, pero llegado el caso conservan las leyes, estamentos y figuras servidoras de las antiguas clases derrotadas, al menos las que les son útiles. Así lo hizo la burguesía con la nobleza, en el tránsito del feudalismo al capitalismo sin ir más lejos. Como hemos visto en la mayoría de países la burguesía más liberal de las ciudades en los países atrasados, donde no se han realizado aún las tareas de la revolución burguesa, alienta consignas revolucionarias y democráticas pero una vez llegada la hora de la verdad, si no se ve con suficiente fuerza como para liderar el proceso en solitario, prefiere la mayoría de veces aliarse con los elementos retrógrados y reaccionarios como la nobleza, el clero, los terratenientes del campo e incluso en caso de haberlo también con los viejos colonialistas, frenando las reformas hasta un punto «aceptable para todos», prefiere ciertamente eso que ir del lado del proletariado que impulsa junto al campesinado el resolver esas tareas lo más rápidamente posible. Esto ocurre porque teme la fuerza, las iniciativas y las pretensiones de las capas trabajadoras, por ello se alía con las clases en decadencia e incluso propone formas políticas reaccionarias como la monarquía, es por eso también que simplemente mantiene instituciones y leyes precedentes, fuese anteriormente el régimen anterior uno colonial, monarquía absoluta, fascista, etc.

sábado, 24 de febrero de 2018

José Díaz, luchador y dirigente comunista ejemplar; Elena Ódena, 1983


«En marzo de 1942, moría en la ciudad de Tiflis, en la Unión Soviética, José Díaz, Secretario General del Partido Comunista de España, y uno de los principales artífices y dirigentes de la victoria del Frente Popular en febrero de 1936.

En tanto que dirigente del Partido Comunista, José Díaz, desempeñó asimismo un decisivo papel en la movilización y organización de las fuerzas populares y de las milicias armadas populares contra el levantamiento fascista del 18 de julio de 1936. Fue asimismo durante los tres años de lucha contra el fascismo un ferviente defensor de la unidad de la clase obrera y de las fuerzas populares de la ciudad y del campo y un incansable organizador de la lucha incondicional contra el fascismo y por la independencia nacional.

Pero pese a su decisiva participación en la victoria del Frente Popular y en la denuncia y desenmascaramiento de las fuerzas de derecha que complotaban para implantar el fascismo en nuestro país, pese al destacado papel que desempeñó a lo largo de toda la guerra, sus valiosos discursos y escritos políticos están completamente ignorados, cuando no ocultados, no sólo por las fuerzas de derechas y por las fuerzas políticas anticomunistas, sino incluso también por el mismo Partido «Comunista» de España, hoy revisionista y convertido en un partido de opereta y charlatanes oportunistas.

El P«C»E de hoy nada tiene que ver con el PCE del que fuera Secretario General, José Díaz.

Aparte de sus discursos y artículos de la época del Frente Popular y durante la guerra civil, que están en lo fundamental recogidos en un volumen publicado con el título de «Tres años de lucha» –por el Frente Popular, por la Libertad, por la Independencia Nacional–, entre los que cabe destacar, por su agudo y excelente análisis de la sociedad española, el discurso pronunciado en el Salón María Guerrero de Madrid el 9 de febrero de 1936, con el título de «La España revolucionaria», así como la conferencia pronunciada en Barcelona desde la tribuna de la Unión Iberoamericana el 29 de noviembre de 1938, con el título «Lo que España enseña a Europa y a América».

Una vez terminada la guerra civil, José Díaz escribió un importante trabajo de análisis crítico con el título de «Las enseñanzas de Stalin, guía luminoso para los comunistas españoles» de 1940.

En este trabajo, publicado en abril de 1940, José Díaz analiza la situación concreta en que se desarrolló la lucha de nuestro pueblo contra las fuerzas fascistas internas y extranjeras; así como la táctica de los comunistas durante la guerra.

Juzgando de manera crítica la política del Partido Comunista durante la guerra, particularmente en sus últimos días, José Díaz afirma que si bien «el Partido Comunista siguió una línea justa durante la guerra –aunque también cometió errores–, el error principal de nuestro Partido fue que frente a la amenaza de rebelión contrarrevolucionaria en Madrid –el traidor golpe de la Junta de Casado– que entregó Madrid a las fuerzas franquistas –5-6 de marzo de 1939–, no la dio a conocer a las masas, y no actuó tan enérgica y resueltamente, cuando la rebelión ya estaba en marcha, tal como la situación difícil lo requería.

Es esta una valiosísima enseñanza de José Díaz que conserva todo su valor especialmente en las actuales circunstancias de España para aquellos que, como actualmente los socialistas del PSOE, no han sabido o no han querido aprender de nuestra historia, que lo peor que se puede hacer con los enemigos del pueblo, es ocultar sus maquinaciones, no darlas a conocer a las masas y no actuar con la necesaria energía, pactando incluso con ellos a espaldas del pueblo». (Elena Ódena; José Díaz, luchador y dirigente comunista ejemplar, 25 de marzo de 1983)

martes, 16 de enero de 2018

Algunas de las gestas del PCE durante 1935-48 comentadas por Enver Hoxha


«En lo que concierne a España, es preciso señalar que las directrices del VIIº Congreso de la Komintern de 1935 tuvieron mayores y mejores resultados que en Francia y en Italia. Su efecto se hizo sentir especialmente en el curso de la guerra civil. En un comienzo los comunistas no participaron en el gobierno del frente popular, sino que le concedieron su apoyo. No obstante, el partido comunista criticaba al gobierno por su falta de determinación y exigía que tomase medidas frente al peligro fascista, contra la actividad que desarrollaban los fascistas, particularmente la casta de los oficiales, que en aquel entonces constituían el peligro inmediato.

El 17 de julio de 1936 estalló el «pronunciamiento» de los generales fascistas. El complot de los fascistas estaba bien coordinado. Habían actuado bajo las narices del gobierno de la izquierda y de las autoridades designadas por un gobierno surgido de la coalición del frente popular. Contra este peligro se alinearon todas las fuerzas antifascistas. En noviembre se creó el gobierno encabezado por Largo Caballero, del que pasaron a formar parte dos ministros comunistas. Así se constituyó un frente común para defender la república, incluso con las armas. El gobierno concedió la autonomía a los vascos, confiscó a favor de los campesinos pobres las tierras de los fascistas y nacionalizó todas las riquezas de éstos.

El partido comunista llamó desde un primer momento a la clase obrera y al pueblo a oponer resistencia. Pero el partido comunista no se contentó con llamamientos, se lanzó a la acción. Los miembros del partido se introdujeron en los cuarteles, lugar donde permanecían los soldados, para aclarar a éstos la situación señalándoles lo que eran los fascistas y la amenaza que constituían para los obreros, los campesinos y el pueblo. De esto, no hubo mejor ejemplo que el de la capital de España, en Madrid, donde el golpe fascista fracasó.

En otras ciudades, el pueblo y en primer lugar la clase obrera atacaron las unidades militares que se habían sublevado contra la república, paralizándolas en su acción. En Asturias, la lucha de los mineros contra las tropas fascistas prosiguió por un mes y esta región permaneció en manos del pueblo. Los fascistas no pasaron. Lo mismo ocurrió en Vascongadas y en muchas otras zonas de España.

jueves, 12 de enero de 2017

Sobre Carrillo y la Pasionaria


«Viendo ya en el siglo XXI la historia por sí sola como se ha desarrollado. ¿Quién es entonces señoras y señores, el «agente», «traidor», «liquidacionista», «titoista», y «canalla» en el Partido Comunista de España de los años 40 y 50? ¿Los miembros como Comorera, Trilla, Monzon y compañía que fueron verdaderos cuadros probados y a los cuales nunca se les probó los crímenes de los que se les acusó? ¿O lo era en cambio la persona de la que sí se demostró que todas estas acusaciones eran imputables a ella misma?

Queda clarísimo entonces, que poco a poco con el advenimiento de cierta información, documentos, y hechos, se ha descubierto que en realidad el mayor agente emboscado que ha tenido el movimiento comunista español; o sino al menos, el mayor traidor consciente a la clase obrera y al comunismo –que encima hizo un trabajo gratuito a la reacción– ha sido y es hasta el momento el «señor» Santiago Carrillo.

Ha quedado demostrado conforme pasaban los años y su actividad oportunista y renegada se amplificaba, que él es el principal culpable junto a Dolores Ibárruri de la degeneración ideológica tan atroz sufrida por el Partido Comunista de España, ha quedado demostrado que los cuadros condenados bajo su mando cuanto menos eran inocentes de las viles calumnias que se inventaba y que lejos de demostrarse se irían desmontando por la labor de viejos o exmilitantes –como Vicente Uribe y Enrique Líster– implicados en su día, aunque en realidad ya con su sola actuación en toda su carrera política, destapa sus propios crímenes, ya que al haber acusado a cuadros de lo que él mismo cometía o iba a cometer, sin necesidad de nada más, sólo con su hipocresía estaba retratando la fragilidad de sus viejas acusaciones hacia otros camaradas en el pasado. 

Todo intento de defender a Carrillo-Ibárruri son monsergas sentimentalistas que intentan salvar el honor de un partido que precisamente se perdió en su deriva revisionista a causa de la actividad de este binomio de víboras revisionistas». (Equipo de Bitácora (M-L); Unas reflexiones sobre unos comentarios emitidos en «Nuestra Bandera» en 1950 vistos a la luz de nuestros días, 2015)

domingo, 20 de noviembre de 2016

Vientos del pueblo me llevan; Miguel Hernández, 1937


Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

Vientos del pueblo, 
1937

jueves, 17 de marzo de 2016

Nunca hay que negar las tareas democrático-burguesas de una revolución, pero tampoco negar que una vez resuelta esta debe convertirse en revolución proletaria


«No es posible sujetar al proletariado para evitar que conquiste lo que necesita conquistar, y el que trate de hacerlo será arrollado, porque no hay otro remedio ni otra manera para continuar hacia adelante. Ahora bien, cuando nosotros decimos, como por ejemplo decíamos ayer en «Mundo Obrero», que nosotros luchamos por el programa del Gobierno Obrero y Campesino, programa que va mucho más lejos que el compromiso ahora contraído en el Bloque Popular, eso no quiere decir que no vayamos a cumplir este pacto. Yo decía en el mitin del domingo y repito hoy que el Partido Comunista cumplirá el compromiso contraído con el Bloque Popular. Pero al mismo tiempo decimos que sin realizar el programa del Gobierno Obrero y Campesino no es posible liquidar la base material de la contrarrevolución y llevar a término la revolución democrático-burguesa en España. Y téngase en cuenta que el Gobierno Obrero y Campesino no es todavía la dictadura del proletariado ni el socialismo, a cuya plena consecución hay que llegar. Pero, aunque el Gobierno Obrero y Campesino, la dictadura democrática de los obreros y campesinos, y la dictadura del proletariado sean cosas distintas, entre una y otra no hay ninguna muralla china. No se puede precisar el tiempo, pues esto sería hacer profecías, pero sí puedo asegurar que la transformación de la revolución democrático-burguesa en revolución proletaria no será larga, si es que la clase obrera se organiza bajo la dirección de un solo partido revolucionario del proletariado, como lo queremos los comunistas. (Muy bien)

Además, los campesinos, la pequeña burguesía, las capas sociales aliadas del proletariado en el desarrollo de la revolución democrático-burguesa, tendrán confianza absoluta en el proletariado y llegarán a comprender que él, que los ha llevado a la lucha y a la victoria, a través de las diversas etapas de desarrollo de la revolución, asegurará también su bienestar en el régimen socialista, en un régimen como el que existe en la Unión Soviética y que nosotros queremos implantar también en España. (Muy bien. Grandes aplausos y vivas a la Unión Soviética)

¿Quién debe dirigir la revolución democrática?

En Rusia, antes ya de la primera revolución, antes ya de 1905, hubo en el partido socialdemócrata una discusión, que fue histórica, sobre quién debía dirigir la revolución democrático-burguesa: si el proletariado o la burguesía. Los bolcheviques, con Lenin a la cabeza, sostenían que el proletariado, pero los mencheviques, dirigidos por Martov, sostenían que la revolución burguesa debía dirigida la burguesía, por entender que, de dirigirla el proletariado, asustaría a la burguesía. Lenin y los bolcheviques mantenían la posición de que, aunque se tratase de la revolución democrático-burguesa, sólo estando la hegemonía en manos del proletariado llegaría la revolución a su término y que, de tener la dirección en sus manos la burguesía, la revolución marcharía para atrás. Y la mejor prueba de la razón que asistía a Lenin, que no hacía más que aplicar a la realidad las teorías de Marx y Engels, la tenemos en la infinidad de países en que, habiendo llegado a sazón la revolución democrático-burguesa, pero teniendo a la mayoría del proletariado bajo la influencia de los mencheviques, de los reformistas, están hoy, unos en manos del fascismo y otros en manos de la burguesía reaccionaria, con diferentes formas de gobierno, pero todos con el régimen capitalista en pie, todos con pobres y ricos, descalzos unos y con muchos zapatos otros, hambrientos unos y otros hartos y llenos de vicios. En cambio, en la Unión Soviética, donde el proletariado tuvo la dirección, la hegemonía, no ocurre esto». (Fuertes aplausos) (José Díaz; Los obreros unidos; Discurso pronunciado en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, el 11 de febrero de 1936)

lunes, 27 de julio de 2015

Antonio Machado sobre la defensa antifascista de Madrid y la naturaleza del pueblo español


«En efecto, soy viejo y enfermo, aunque usted por su mucha bondad no quiera creerlo: viejo, porque paso de los sesenta, que son muchos años para un español; enfermo, porque las vísceras más importantes de mi organismo se han puesto de acuerdo para no cumplir exactamente su función. Pienso, sin embargo, que hay algo en mí todavía poco solidario de mi ruina fisiológica, y que parece implicar salud y juventud de espíritu, si no es ello también otro signo de senilidad, de regreso a la feliz creencia en la dualidad de sustancias.

De todos modos, mi querido Vigodsky, me tiene usted del lado de la España joven y sana, de todo corazón al lado del pueblo, de todo corazón también enfrente de esas fuerzas negras –¡y tan negras!– a que usted alude en su carta.

En España lo mejor es el pueblo. Por eso la heroica y abnegada defensa de Madrid, que ha asombrado al mundo, a mí me conmueve, pero no me sorprende. Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos –nuestros barinas– invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva. En España, no hay modo de ser persona bien nacida sin amar al pueblo. La demofilia es entre nosotros un deber elementalísimo de gratitud». (Antonio Machado; Carta a David Vigodsky, 20 febrero de 1937)